Obra realizada en óleo sobre tela circular (55 cm diámetro, 2000), que nos invita a contemplar el desierto no como un espacio vacío, sino como un escenario vibrante. La elección del formato circular y la riqueza de las texturas crean un efecto de profundidad, donde la flor emerge como el epicentro de un paisaje cargado de color, convirtiendo la obra en una celebración visual de la vida que brota en el corazón de nuestra región