Obra realizada en óleo con técnica de pintura perdida (2024), que captura la imponente belleza de la Garra de León. La composición resalta el rojo vibrante de sus pétalos frente a un fondo neutro, creando un contraste que enfatiza su carácter único, invitando al espectador a valorar la fragilidad y el esplendor de la flora silvestre que florece en Atacama.